martes, 5 de julio de 2011

Desde el apartamento...

Me llamaste por teléfono desde el apartamento, desde el momento en que contesté la llamada sabía que algo en tu voz no estaba bien, te escuchabas apenas, apagada. Intenté preguntarte y entender que estaba pasando pero te tomaste tu tiempo hasta que de pronto fuiste capaz de hablar y contarme lo que parece que ya sabías pero que no comprendiste sino hasta ese día. Te vi después, unos días después y finalmente hoy, apenas unos meses después de aquel día, te encuentro resplandeciente y transformada, incluso me regalas la historia completa para que el mundo entero se quede como yo, maravillada:

Esa tarde me había planchado el pelo en el salón de belleza y quería que él me viera bonita, ya se había hecho una costumbre que yo llegara allá a cocinar algo para la cena y esperarlo, jugando contenta a la casita como cuando niña, ilusionada y feliz, no me puedo engañar ni la puedo engañar a usted, yo siempre supe que no habían muchas posibilidades para que se estableciera una relación, pero tenía el momento y eso estaba bien para mí, había un espacio, un nido que aún cuando no era mío pues era cálido y acogedor, así que me sentía bienvenida y decidí dar, dar sin esperanzas ni expectativas, fue una gran lección para mí…bajar las armas y solo dar, ser vulnerable y no estar a la defensiva tomando todo, absolutamente todo personal, pedir disculpas cuando era necesario y disculpar porque se mete mucho la pata cuando uno intenta acoplarse a otra persona y estar allí, pendiente de todo. Al fin me atreví a ser yo misma y a dejarme quererlo con todo lo que me da el alma, con todo lo que soy, con todo lo que tengo. Me prepare mentalmente para no exigir y para negociar solamente los aspectos importantes y dejarme de tonterías, disfrutar la vida como si fueran vacaciones, estaba bien, contenta, tranquila y sorprendida de mi misma y mi capacidad para ser flexible conmigo misma y con él. Lo que pasó me tomo completamente de sorpresa, pero no son los hechos y las pruebas las que quiero contarle porque eso a la larga no es lo importante, quiero plantearle lo que me paso por dentro, lo que al final nos rompió.

Esa tarde iban a romperse definitivamente los lazos, cordones e hilos que nos unían y nos paralizaban tanto como nos salvaban, pero ninguno de los dos lo sabíamos todavía, llegue allí desprevenida y contenta, lista para otra noche en su compañía, una cena, quizá una película, sexo…quizá, nunca fue lo más importante aunque a él le gustaba presumir lo contrario. Llegué y al abrir la puerta mi corazón saltó, acababa de colgar el teléfono, él sabía que yo estaba allí, él llamó para que me dejaran estacionar el carro en el espacio de visitas y yo tenía una llave para la puerta principal…me dio la llave un día y me pidió hacer una copia, en mi loca cabecita cada gesto significaba algo diferente que en la realidad, en mi terca gana de ver la vida llegue a creer que estaba formando parte de algo, y eso llenaba de sentido mi existencia, las acciones simplemente tomaban otro significado y me sentía bien, feliz, asustada, pero feliz.

Mil veces dejamos y tomamos aquella enfermedad que algunas veces llame amor, pero en esta ocasión todo había sido diferente, según yo, claro, si fui yo quien llego diferente, llegue sin preguntas, llegue sin exigencias, llegue a dar y él se dejo hipnotizar por la maravilla que es tener alguien que te cuide. Fuimos una tarde a hacer un mandado a una granja y cuando volvíamos le dije: Sabe? No importa si estamos juntos o no, aunque yo he sido siempre quien se ha ido, incluso cuando me voy, me quedo, no importa que tan lejos porque usted viene conmigo, esta siempre dentro de mí y no me deja voltear a ver a ningún lado, quedo allí sola pero atenta a usted como en una trampa de la que ni yéndome lejos puedo escapar porque mientras más lejos, más angustiante…si me quiere, si soy como usted dice, su verdadera amiga, por favor concédame la libertad, libéreme, desáteme, porque yo quiero ser feliz y quiero que usted sea feliz y creo que eso no se logra si estamos amarrados, atados sin salida como ratones dentro de una trampa.

Esa noche dentro del carro él me vio con sus ojos desconcertados, me escuchó detenidamente y me vio llorar, me vio con toda su alma y me dijo sincero: No sé cómo hacerlo, no sé cómo, pero si usted sabe dígame porque la quiero mucho, pero no puedo tenerla conmigo y estoy consciente de eso, pero tampoco sé como liberarla porque esta relación extraña que tenemos es lo más parecido que tengo al amor y no sé cómo salir de esto.

Igual, a pesar de la sinceridad o quizá por eso, la vida siguió y en lugar de salir corriendo como siempre, tome la copia de la llave y me metí en el apartamento como si la realidad no existiera fuera de aquel nivel 12, hasta aquella tarde en que él, tranquilo y planificado no sé si consciente o inconscientemente me dio la libertad, allí fue que encontré la evidencia de lo que siempre supe pero nunca quise ver, allí fue que entendí como en una película de terror que no pertenecía a ese lugar y que llegue sin ser invitada, allí se hizo evidente que aquello tenía cualquier nombre que yo o él quisiéramos ponerle menos amor, allí como un balde de agua fría que siempre supe que estaba esperándome, la realidad me cayó de un solo golpe y sin aviso lista para despertarme de la estupidez, de la necedad de insistir en lo que es espontaneo o no se da, necesitar a alguien no es amarlo, estar atados y enredados no es sinónimo de estar unidos, ocupar a ratos el mismo espacio no quiere decir estar juntos…si una misma no pone límites, alguien más te llevará al límite hasta que poco a poco como quien despierta de un largo sueño, puedas volver a saborear y reconocer el gusto a miel que tiene la dignidad.

Así fue amiga, como sin proponérmelo esa noche, desde aquel apartamento encontré la llave que me condujo de regreso a mí misma, a mi propio punto innegociable, al límite, a mi capacidad de respetar mi verdadero ser y me abrió la puerta de aquella jaula de oro en la que estaban atrapados mis sentimientos…quizá siempre lo voy a querer, ya no peleo contra ese sentimiento, significó demasiado para mí, tener a alguien cuando más lo necesité, pero ya no dependo de su aire para respirar, de su fuerza para volver a empezar, de su necesidad de mí para tener un sentido, quisiera pensar que mi libertad lo liberó, pero no lo sé, aún no estamos listos para volver a hablar, pero el tiempo es bueno y llegará el momento en cada uno seamos capaz de vernos al espejo sin miedo y podamos entonces y solo entonces vernos de nuevo, y ese será el momento de agradecerle, porque no sé si lo hizo consciente o inconscientemente pero la verdad es que me concedió la libertad al alto precio que a él le costó.

Quedé atónita, no esperaba que terminaras así tu relato, para serte sincera, esperaba un episodio de vómito rencoroso y de odio disfrazado de emancipación, a la persona que encontré, clara y agradecida, a esta no la conocía y fue un placer, un honor, porque amiga mía, no necesitabas decirme que te fue concedida la libertad, la irradiabas, fluía de tus ojos una luz azul violeta que te envolvía como halo y cada palabra y cada sentimiento que me contaste tenía impresa tu verdad, tu dignidad recién resucitada que ahora te sale por los poros y esa sonrisa agradecida que tienes cuando dices su nombre como quién invoca a un profeta, a un amigo, a un hijo, a un maestro, a un amor con quién ya se han hecho las paces y solo queda el buen recuerdo, el profundo y sincero agradecimiento. Amiga, gracias por compartir conmigo tu historia, gracias por regresar del oscuro túnel en donde habías estado metida, porque aquí afuera haces mucha falta, porque aquí en donde todos luchamos cada día por ser mejores, necesitamos gente como tú, con ganas de seguir creyendo a pesar de todo.